Una de las prácticas de devoción a la Virgen María de más arraigo en la piedad popular.
En la antigüedad, los romanos y los griegos solían ofrecer coronas de rosas a sus deidades, como símbolo del ofrecimiento de sus corazones; con la llegada de la fe en Cristo y siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus mejores ropas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de su vida entrega de su vida a Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.
La Iglesia recomendó rezar los 150 salmos de David, pero como no todo el mundo podía leer se sugirió decir 150 avemarías mientras se resaltaba algún misterio de Cristo descrito en la Biblia y de ese modo, mientras se oraba se contemplaba la Palabra de Dios. En el Siglo XII Santo Domingo de Guzmán extiende con fervor esta práctica piadosa que nosotros recordamos con especial cariño este mes.
El Rosario es una verdadera fuente de gracias. María es medianera de las gracias de Dios. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen por ella, ya que fue por ella que nos llegó la salvación: Jesucristo el Señor.
Padre Edward Gilbert
Puerto Plata, Rep. Dom.